Aquella noche las doce campanadas sonaron como una horrible sentencia de muerte, y el sonido de la puerta en la sala de abajo como un punto y final, otra vez Rosa la ama de llaves se había marchado, dejando a Tomas horrorizado, pero la rechoncha mujer se iba con la conciencia tranquila, esta no había notado el cambio de humor que el serio y disciplinado señor de la casa había sufrido, ni lo que en aquel caserón acaecía.
Tomas se dirigió a su habitación, sabia que esa noche seria igual que las demás, y que, como todas las noches oiría escurrirse sigilosamente a la espantosa criatura que lo atormentaba, nunca le había dado importancia ya que los médicos le habían dicho que eran pesadillas producidas por recuerdos de la guerra y el los creía, puesto que le ocurría desde que había vuelto de esta y era lógico, “lo que oigo son los soldados arrastrarse”se decía constantemente, aferrándose a aquella idea.
Se acostó como todas las noches, y de igual manera comenzó a oír el horrible sonido que producía el invisible ser, escuchaba como los huesos rozaban el suelo, como el sonido se oía cada vez mas fuerte, entonces, como todas las noches, cuando se encontraba cerca de la cama este desapareció.
Entonces volvió a escuchar el pútrido cuerpo arrastrarse “no por favor”susurro espantado Tomas mirando con indecisión la lámpara de la mesita que se encontraba a su derecha, de repente esta callo estrepitosamente al suelo, Tomas se puso blanco, noto como algo se apoyaba a la izquierda de la cama y como un fétido aliento rozaba su oreja izquierda “ te acuerdas de mi” pronuncio en un susurro una horrible voz, a pesar de que esta sonaba cavernosa e inhumana Tomas reconoció horrorizado la voz “ Hace un año, segunda guerra mundial, el general Tomas manda ejecutar a uno de los prisioneros , a mi” exclamó la terrible voz, como si lo hubiese leído en él. Tomas se dio la vuelta de golpe encontrándose de cara con una nauseabunda y descompuesta calavera, esta tenía fragmentos de carne podrida cubriendo su esqueleto, la sangre teñía las sabanas donde se apoyaba la andrajosa criatura.
Tomas despertó temprano la persiana apenas dejaba entrar luz, este frunció el ceño recostándose dolorido “menuda pesadilla” pensó apoyando los pies en el frió suelo, entonces vio la lámpara en el suelo, trago saliva e intento volver a la cama pero ya era demasiado tarde, unas frías y desgarradoras zarpas agarraron con fuerza sus tobillos haciéndole caer de rodillas al suelo Tomas se agarro a la lámpara la cual se tenso de golpe, pero esta cedió, dejando que este fuese arrastrado, lo ultimo que vio fue la hora, las 11:45h Tomas se rió de si mismo, aquella había sido la hora de la ejecución hacia un año, ahora era la hora de otra ejecución, la suya.
(Este relato lo escribí hace años y tiene bastantes fallos, pero aun asi la idea no me parece mala y me trae buenos recuerdos.)
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