¿Que soñaste?

sábado, 2 de mayo de 2009

Perlas rubi sobre la nieve.



La Nieve era blanda y suave, casi tanto como el algodón, era pura como el alma de un ángel y cubría la tierra como una madre arropa a su hijo en las mas oscuras noches, el paisaje era salvaje y extenso, altos arboles se erguían sobre las mas enormes rocas y los perdidos parajes. Allí el silencio se oponía casi en su plenitud, y era interrumpido brevemente por los escasos habitantes que ocupaban bosques y laderas. La luz era grisácea y suave y se reflejaba sobre la nieve creando una sensación de paz algo inquietante y poco habitual. Había llegado aquella nieve con sutileza, sigilosamente como si se tratase de una ocupación casi planificada, lentamente desde el cielo y de un modo suave que había adormecido valles y bosques con rapidez se había extendido si hacer ruido.
Ella era menuda y delgada, su vestido negro reposaba sobre sus rodillas mecido por el viento delicadamente, llevaba un anorak grisáceo con capucha, la cual caía sobre sus delgados hombros y sus pies, hundidos en la nieve apenas hacían ruido al moverse, no le costaba desplazarse, como si la nieve misma facilitara sus pasos, el viento agitaba sus cabellos negros como el carbón, tan finos como hilos de tejer, estos ondeaban sobre su cabeza, su rostro pálido y fino era tan suave y liso como el de una muñeca de porcelana, solo sus rosadas mejillas y aquellos labios como el carmín coloreaban su inescrutable rostro, sus ojos de un rojo apagado vagaban en el vacio mas distante mientras caminaba dejándose mecer por el viento como una rosa, frágil pero fuerte al mismo tiempo.
Sobre sus labios carmín perlas rubí se deslizaban despacio y se posaban sobre la nieve dejando unas llamativas manchas sobre esta, la niña de apenas seis o siete años se alejaba sin mirar atrás de los cuerpos sin vida de sus padres, estos, cubiertos en gran medida ya por la nieve, reposaban desangrados sobre un lecho de nieve que extendía rápidamente la sangre que aun brotaba de sus heridas, mientras sus horrorizados rostros aun preguntaban “¿Por qué?”
Mientras la joven se alejaba, murmuraba al caminar “perlas rubí sobre la nieve…jugaba la niña sobre los campos nevados, mientras perlas rubí caían de sus labios” y entonces un par de cristalinas lagrimas surcaban su rostro casi sin inmutarlo.

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